Mercès One| Restaurantes enBarcelona| Guía del Ocio y Cultura de Barcelona

Mercès One

Un restaurante para un solo comensal, escondido a plena vista en la Avinguda Diagoanal.

Junto a L'illa Diagonal, en la parte mas bulliciosa de la zona alta, se encuentra un sitio improbable. Un psuedo-sótano, de puerta anónima y ventanas aparentemente fracturadas, que abre todos los días del año en secreto: sólo para un comensal y sus invitados. 

 

Clásico de la zona, el antiguo Restaurante Mercès se ha reconvertido en Mercès One, un proyecto singular que sigue esta apuesta que les comentamos de manera estricta. Nada de carta fija, nada de menús en adelante: sólo ágapes a medida y staff exclusivamente volcado en cada cliente. Es esta filosofía lo que hace de comer aquí una experiencia tan íntima, tan desenvuelta, tan natural a los comensales que no están acostumbrados a pedir  aquello de "ciérrame el restaurante para mí"

 

Y si no hay carta ni menús cerrados, ¿qué se puede comer en Mercès One? Gastronomía mediterránea, creativa y de temporada. Esto es, platos como los que siguen: 

 

- Gazpacho de aguacate con vinagreta de manzana, fesquísimo, muy original.

- Salteado de alcachofa y calamares con ajos tiernos y cebolla. Aparentemente sencillo, pero servido en su punto, como piden estos cuatro ingredientes.

- Láminas de vieira sobre tambor de verduras, uno de los platos más elegantemente preparados de la lista.

- Canelón de pato a las cinco especies, sin nada de bechamel y, sin embargo, extraordinariamente jugoso.

- Foie pôele, migas de aceite de oliva y aceite de módena, para los amantes de lo intenso.

- Y postres como souflé de queso recién horneado o helado de pomelo con frutas silvestres.

 

La libertad que ofrece este restaurante a sus comensales no tiene que ver sólo con la carta.

 

El comensal y sus acompañantes –un máximo de 30– pueden desayunar, almorzar o merendar, si lo desean, hacer un brunch, un drunch o un afterwork. Desde la mañana hasta las 23.30, lo único que limita los ágapes en el Mercès One es la imaginación: la de sus propietarios, la de su chef, Antonio Cornejo, y la de su cliente. Que no es poca. Sergi Garcia