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Con Gracia

Una experiencia gastronómica que supone un auténtico placer para nuestro paladar en pleno corazón de Gràcia

Texto: Virginia Antonín

 

Solo en un barrio como Gràcia podríamos encontrar un restaurante con un nombre tan simple y tan significativo: Con Gracia. Y sí, tiene gracia la cosa porque fuimos a probar este local por recomendación, como quien no quiere la cosa, por darle una oportunidad. Ciertamente, estas son las veces que más me gustan porque vas a ciegas a probar algo que no sabes de qué va, ni qué te van a ofrecer, nada. Pero, de pronto, ocurre y te ves en una situación más que maravillosa. Una auténtica experiencia gastronómica por la que vale la pena (y mucho) dejarse llevar. 

 

En Con Gracia ofrecen dos menús degustación, uno de carta y otro sorpresa. Con lo que me gustan las sorpresas, estaba clara cual iba a ser mi mejor opción. Y, como decía, a ciegas nos adentramos en esta aventura para disfrutar de la cocina mediterránea con productos de cercanía en uno de los barrios más vanguardistas y cosmopolitas de Barcelona. 

 

En la sala, una chica estupenda nos sorprende con un plato en forma de piedra que incluye lo que parecen ser eso mismo, piedras. Pero no, son unas bravas camufladas que, con una picantísima salsa brava y su dosis de all-i-oli, nos dejan con una cara de asombro. Están deliciosas y sí, nos han sorprendido. Seguimos. Un poquito de edamame con sésamo para limpiar el paladar. 

 

 

Un suculento steak tartar; una ensalada de atún con frutos rojos; una dorada salvaje con arroz meloso de gambas de Arenys; el canelón de pollo, ternera y cerdo con foie y puré de remolacha; y la pluma ibérica con chimichurri y una confitura de manzana y pepino finalizan la aventura. Cada plato mejor que el anterior y nuestra cara sigue siendo de sorpresa. De estar disfrutando como nunca de todos los platos. Creedme si os digo que no le pondría un "pero" a ninguno. Y no lo digo por decir, no me llevo comisión. 

 

Como siempre, lo mejor ocurre en los postres. Y aquí nos plantamos porque nos los introducen avisando: "Tenemos pre-postre, postre y post-postre". ¿Hay algo mejor que tomar tres postres? ¡Seguro que no!

 

El primero de todos ellos, el pre-postre, se divide en dos: por un lado, una cuchara con un trocito de flor de sichuán que es pura electricidad para los labios (sí, electricidad) y, después, unas fresitas confitadas con yogur griego que explotan gracias al contraste de la flor anterior. Y ahora llega el postre: un mundo de chocolate. Se trata de un delicado plato que une diversas texturas del cacao donde podemos encontrar su versión esferificada, en crumble, gelatina, espuma, cremoso y helado. Simplemente delicioso. Por último, el post-postre, una galletita, un bombón de chocolate y jengibre, y un dado de manzana confitada.

 

Sin duda, un buen broche de oro para acabar con esta experiencia gastronómica sin igual. Cuando no sabes a lo que vas, puedes tener la suerte de sorprender al comensal. Sin embargo, eso no es algo que suele ocurrir. En este caso, ocurrió y nos dejó con ganas de volver, con ganas de disfrutar de los platos de Con Gracia.

 

Eso es algo que se debe a dos motivos: principalmente, al buen hacer de su cocina que, como habéis leído, nos encantó; y, también, a lo a gusto que nos sentimos tanto por el trato como por la atención del servicio. Un lugar impecable, coqueto, romántico y a la vez sencillo donde ofrecen una aventura culinaria muy mimada, muy trabajada, sin dejar nada al azar.