Voluntariado con leones en Sudáfrica| Escapadas enBarcelona| Guía del Ocio y Cultura de Barcelona
  • Cría de león blanco, Seaview Park
03/05/2013

Voluntariado con leones en Sudáfrica

Voluntariado en una reserva de animales cuidando crías de león y otra semana recorriendo la espectacular Garden Route.

Texto: Janina Canet

 

Recomendado para: viajeros con ganas de aventura y amantes de los animales.

Meses para viajar: entre enero y mayo, los meses de verano.

Presupuesto: 800 € (excluye vuelo, incluye alojamiento, 
todas las comidas, transporte y excursiones).

Vacunas: sí. 


Seguro médico obligatorio: sí.

Duración: 2 semanas

 

 

Mi experiencia en Sudáfrica formaba parte de un viaje alrededor del mundo que programé con la web www.roundtheworldflights.com. Te permite volar a varios destinos siempre en dirección de las agujas del reloj y con principio y final en Londres. Mi itinerario me llevó a cuatro países en tres meses de viaje: China, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Todos los vuelos juntos costaron alrededor de 1.300 libras, una ganga si consideramos que eso es lo que cuesta sólamente viajar a Australia (y es precio cerrado, da igual en qué fechas vueles). 
Como gran apasionada de los animales, quería experimentar de cerca la naturaleza salvaje de los grandes felinos y consideré varios proyectos de voluntariado en Sudáfrica. Las webs www.realgap.co.uk y www.i-to-i.com los ofrecen a muy buen precio en diferentes países, ya sea trabajando con animales, niños o enseñando inglés a gente de las aldeas. El programa que elegí, South Africa Experience, consistía en una semana en una reserva de animales cuidando crías de león, y otra semana recorriendo la parte este del país, la espectacular Garden Route. 

 

 

1ª SEMANA: KWANTU GAME RESERVE

 

Mi voluntariado tenía lugar en una pequeña reserva animal llamada Kwantu (www.kwantu.co.za), cerca de Porth Elisabeth, donde viven los Big 5 (rinocerontes, leones, búfalos, leopardos y elefantes). La primera noche en llegar a la reserva ya me quedó claro que lo que anunciaba mi programa no tenía nada que ver con la realidad: los cachorros de león que se suponía que íbamos a cuidar ya habían crecido demasiado y no había ninguna camada disponible en esa época (un dato importante que la agencia de viajes omitió). Ante la decepción lógica del primer momento, lo único que puedes hacer es aceptar la situación e intentar disfrutar al máximo de la experiencia.  

 

Nuestros guías rangers, David y Boi, no nos trataban como meros turistas de safari, sino como alumnos aventajados con quienes compartir sus años de experiencia y conocimiento. El trabajo en la reserva era serio, pero no extremadamente duro, y cualquier persona de cualquier edad en buena forma física podía desarrollarlo sin problemas. Trabajábamos unas cuatro horas diarias, normalmente a pleno sol, limpiando áreas del bosque de especies invasoras, arreglando vallas o dando de comer a los felinos. Porque felinos haberlos los había: leones, tigres y guepardos... Aunque todos ellos detrás de un cercado electrificado, pues, aunque habían sido criados desde pequeños por los rangers, los mantenían en estado salvaje para poder reinsertarlos más tarde en otras reservas.

 

Las horas de trabajo en el campo pasaban volando, y al menos una vez al día, a veces dos, nos íbamos todos juntos de safari a buscar la manada de elefantes que vivían en el valle, o a jugar al gato y el ratón tratando de encontrar al majestuoso Zulu, el jefe de la única manada de leones que vivía libre en Kwantu. Otros días, acechábamos a la pareja de rinocerontes para alejarla del valle hacia las montañas, donde estaban a salvo de los poachers (cazadores furtivos) que son el problema más grave que amenaza la supervivencia de estos animales en África y, por cuya protección nuestro jefe de rangers se había llevado algún balazo que otro. Los safaris de madrugada eran una experiencia magnífica, pues no había nada más bonito que ver salir el sol entre manadas de wildebeests, springboks y cebras, impregnándote del olor y el aroma de África. Otras actividades incluían la visita al santuario de elefantes, descuartizar cadáveres de vaca para echar de comer a los leones, hacer redadas para capturar a hervíboros con el fin de vacunarlos o cuidar de los animales de la granja. ¡Mi recuerdo de Kwantu es imborrable!

 

 

2ª SEMANA: GARDEN ROUTE

 

La segunda semana es cuando la cosa se pone excitante. Abandonamos la reserva y nos alojamos dos noches en Porth Elisabeth, donde empieza la Garden Route que nos llevará hasta Ciudad del Cabo. Tras la decepción con los leones en Kwantu, aprovecho mi estancia aquí para visitar el Seaview Lion Park, a 25 km. de Porth Elisabeth. ¡Por fin consigo acariciar a un felino! Y no sólo uno, sino muchos... leones, guepardos y tigres. Hablamos con los voluntarios del parque (quienes hacen el trabajo por el que yo supuestamente había pagado) y nos presentan las nuevas crías de león, que son las estrellas del Seaview. Las crías duermen, ya han sido alimentadas, y conviene no molestarlas demasiado. Ante mi señal de decepción, una voluntaria me pregunta si me gustaría tocar a otro tipo de leones, aunque, me advierte, son bastante más grandes. Estos cachorros, entre 6 y 9 meses, se alojan en otro cercado al final del enorme parque. No los visitan mucho. Pero yo me muero de ganas de verlos. Cuando entro en el recinto, los leones están escondidos detrás de los arbustos, y noto como se me eriza el pelo de la nuca. Los llaman por su nombre y, segundos después, cinco leones de diferente tamaño salen corriendo a recibirnos. 
Tienen ganas de jugar pero son totalmente inofensivos, se parecen mucho a mis perros, sólo que estos tienen unas garras afiladas y colmillos enormes. Salgo del parque con una sonrisa de oreja a oreja. El karma me ha pagado con creces.

 

Nuestro próximo destino en la ruta es la población costera de Jeffreys Bay. Playa, olas y buen rollo en este paraíso surfero, donde tomaremos nuestra primera clase de surf para acabar la tarde paseando a caballo por la playa (actividad en la que casi muero ¡ya que estos caballos son los más asilvestrados que he visto en mi vida!). Al día siguiente proseguimos nuestro camino hacia el Parque Nacional de Tsitsikamma, bordeando la costa y atravesando escénicos bosques ancestrales. Aquí el paisaje te deja sin aliento. Olas enfurecidas escupen espuma blanca contra las rocas del acantilado, dibujando todo tipo de formas en su pared. Atravesamos el bosque a través de los puentes colgantes sobre Storms River, donde se encuentran los paisajes más espectaculares de la Garden Route, y llegamos a nuestro próximo destino, Knysna, típica ciudad costera y destino favorito de artistas y hippies. Una excursión en barco de 20 minutos nos llevará a los famosos Knysna Heads, donde el río Knysna desemboca en el océano, tristemente célebre por ser aquí donde se han hundido más barcos que en ningún otro sitio del mundo. Entre las excursiones optativas, recomiendo la visita a las Cango Caves y Oudsthoorn, donde podrás montar a lomos ¡de una avestruz! 

 

Los últimos dos días se reservan para visitar una de las ciudades más bonitas y espectaculares del planeta, Ciudad del Cabo, punto final de nuestro viaje. Esta ciudad fascina desde todos los ángulos: el majestuoso Océano Atlántico a un lado y la espectacular meseta al otro. Y en medio, esta urbe, la segunda más grande de Sudáfrica, que es un hervidero de actividad multicultural y gastronómica. El teleférico te lleva hasta la cima de la Montaña de la Mesa (Table Mountain), llamada así porque, curiosamente, es totalmente plana. Al atardecer, desde la preciosa playa en Camp's Bay, puedes ver como la meseta de más de 1.000 metros de altura, elegida una de las siete maravillas naturales del mundo, se vuelve de un color rojizo. Simplemente, la puesta de sol aquí es espectacular. Entre las muchas actividades que se pueden hacer en Ciudad del Cabo destaca la visita a Boulders Beach, a 40 minutos, donde se aloja una gran colonia de pinguïnos, y Robben Island. Además, podrás nadar con tiburones, hacer paracaidismo y descender la montaña en rappel. ¡Las posibilidades son ilimitadas!