Viena, ahora y siempre| Escapadas enBarcelona| Guía del Ocio y Cultura de Barcelona
  • MuseumQuartier
01/07/2015

Viena, ahora y siempre

Anna Tomàs visita la ciudad del Danubio, para regalarnos un exquisito recorrido por museos y cafés, adornado con mil anotaciones culturales.

Texto y fotos: Anna Tomàs

 

Hay lugares a los que nunca he ido pero siento que los visito a diario. No se trata de un dejà vu, ni de fantasías, ni de sueños. Es más bien algo paradójico: he vivido en esa ciudad, en ese país, lo dicen las yemas de mis dedos, el mobiliario que me rodea, los libros que atesoro en mi baúl más preciado, a sabiendas de que si un día finalmente vuelo hasta allí, si piso sus aceras e inhalo sus perfumes, ese lugar dejará de existir. Así que mejor no lo visite, por ahora (sí, lo admito, la curiosidad me puede y un día me dejaré caer en sus tentáculos, ¿quién se resistiría?).

 

Al grupo mallorquín Antònia Font le ocurre algo similar con París. Su cantante, Joan Miquel Oliver, nunca ha estado en París (o eso dice), pero sus canciones citan la capital francesa continuamente. Rehúye visitarla, porque cree que no cumpliría sus expectativas.

 

Paradójicamente, hay ciudades en las que has estado, pero que forman parte de un sueño. De adolescente no podía dejar de leer todo sobre Sissi y Ludwig de Baviera. Tengo la gran suerte de que mis padres me llevaron a ver los tres grandes refugios del llamado “Rey loco”: Neuschwanstein, Linderhof y el palacio de Herrenchiemsee. Después, mi suerte siguió sonriéndome al ir a Viena. Ya había visto “El tercer hombre”, de Orson Welles y también el 007 de “Alta Tensión”, donde Bond pasea por la ciudad en calesa y sube a la noria del Prater. Ello, más una visita a Schönbrunn, me cautivó. Pero Viena quedó en el recuerdo, en una fantasía cumplida pero no asimilada, un lugar que sentía como un imán al que debía acudir y verdaderamente descubrir.

 

Karlsplatz

 

Un poco de historia

 

Todo empezó cuando mi amigo diplomático Skander Nasra fue enviado a Viena. Una primera visita. Cándida. Y la ciudad me absorbió, un auténtico flechazo. Recuerdo coger el metro desde Ober St Veit (Vienna U.Bahn) y plantarme en la Karlsplatz. Era 2012 y el centenario de la Secesión, con grandísimas exposiciones de Klimt, Schiele, Moser, Flöge, Andri

 

Aclarando: La Secesión vienesa (también llamada Secessionsstil, o Sezessionsstil, en Austria) formó parte del muy variado movimiento actualmente denominado modernismo. Fue fundada en 1897 por un grupo de 19 artistas vieneses que había abandonado la Asociación. Como proyecto de renovación artística, trataba de reinterpretar los estilos del pasado ante los embates de la producción industrial que estaba desnudando estructural y estéticamente la realidad del arte y la sociedad de la época.

No podéis dejar de ver esa elegante Viena, cuyo epicentro es el palacio Belvedere, donde podréis contemplar el famoso cuadro “El beso” de Gustav Klimt. Cerca, se halla el maravilloso restaurante Palmenhaus (Burggarten, 1). Y, siguiendo la onda imperial, acudid al mismísimo Schönbrunn y sus inmensos jardines, patrimonio de la UNESCO desde 1996 (y si sois como yo, haced el tour de las 500 habitaciones: es un estudio profundísimo del Rococó), a la sede del Ayuntamiento o a la mismísima Filarmónica porque, ¿quién no se ha levantado un Año Nuevo escuchando a Strauss en directo desde Viena? Y eso sin mencionar la ópera.

 

Klimt

 

Museos y cultura

 

En Viena hay óperas cada día por 10 euros y con buena visibilidad (nada de gallineros). La gente no se pone de veintiún botones, a menos que quiera, claro, sino que vive la ópera como una parte más de la cultura de esta ciudad. Porque, si algo es Viena, es cultura.

 

Hace unos años inauguraron el MuseumsQuartier (el distrito 21), con el Museo Leopold (la mayor colección de Schiele’s está ahí), el MUMOK (de arte contemporáneo) y otras instituciones, además de un maravilloso Fotoautomat (fotos carnet en blanco y negro, para los amantes del vintage y que también hallamos en Berlín) y bares y cafés únicos. Recomiendo muchísimo el Corbaci (Museumsplatz, 1): tenéis que ver sus bóvedas de estilo turco y probar su “sopa de lentejas” o sus deliciosas ensaladas y roast beef. Para un café, tentempié o comida/cita, el restaurante del Leopold Museum es una apuesta segura.

 

Leopold Museum

 

Cafés y pastelería

 

Lo siento, llegados a este punto necesito mencionar la pastelería vienesa. La capital austríaca no se concibe sin sus pastelerías y sus más de 1.000 cafés y 181 café-konditoreien, cafés que producen y venden su propia pastelería.

 

Recorriendo los diferentes cafés, no podía dejar de preguntarme hasta qué punto la especial atmósfera de esos locales ayudó a crear grandes textos filosóficos y literarios, así como obras pictóricas, o de otra índole: lugares como el Café Museum, donde acudía el pintor Gustav Klimt (Operngasse, 7), o el Café Landtmann (Universitätsring, 4), estrechamente ligado al padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, del que también podéis acudir a su casa-museo (souvenir obligado: un estropajo con la palabra neurosis inscrita).

 

Muchos de los cafés históricos han sido tomados en la actualidad por una clientela más joven, independiente e intelectual, que intenta desvincular a la ciudad de su acento imperial. Un ejemplo de ello es el Café Drechsler (Linke Wienzeile, 22), que combina la tradición con un ambiente de estilo moderno, y donde al atardecer se puede escuchar música seleccionada por disc-jockeys.

 

Delante del Café Sperl (Gumpendorfer Str., 11), uno de los más tradicionales y auténticos cafés vieneses de la ciudad, fundado en 1880 y elegido por David Cronenberg para rodar “Un método peligroso”, con los guapísimos Viggo Mortensen y Michael Fassbender, se halla el Phil, el lugar ideal para un brunch. Se trata de un café-librería, con una muy buena decoración, libros para hojear, leer y comprar y unos cómodos sofás en los que relajarse con un café o un tentempié (con mucha oferta para veganos) y sentirse como en casa. Bueno, quizás no, pues todo el mobiliario está a la venta y quizás desaparece mientras comes…

 

Hoteles

 

Mis idas y venidas a Viena son ya una decena, desde aquella primera vez. Y en dos ocasiones, y gracias a Turismo de Austria, me he alojado en uno de los hoteles más bonitos y originales en los que he estado, el 25hours. No hay nada como, con la llegada del buen tiempo, tomarse un buen Spritz (larga vida a las tradiciones austro-húngaras) en el ático del edificio, con maravillosas vistas sobre el mencionado MuseumsQuartier o barrio de los Museos, con los edificios de la Ringstrasse y los palacios que la flanquean.

 

 

Noche, shopping, ocio y... estudios

 

Fiesta, fiesta, que queremos ir de fiesta. El Top Kino es mi bar/club favorito (Rahlgasse, 1) , un viejo cine ahora reconvertido en un bar pero manteniendo las sillas de madera, los techos bajos… eso sí, mezclados con luces de neón y otros elementos sumamente contemporáneos. Además de música y buenas copas, así como platillos deliciosos, tienen una programación suculenta que siempre conviene chequear antes de aterrizar en Viena.

 

Pratersauna es una antigua sauna situada en el parque Prater, que se ha convertido en uno de los clubes emblemáticos de la ciudad. En su interior, varias pistas donde la música electrónica y el techno no dejan a nadie quieto. En verano, las fiestas se extienden al jardín y a la terraza, que cuenta con una hermosa piscina abierta al baño en verano, durante el día y también durante las noches de los miércoles.

 

Y sí, Leonard Cohen nos hablaba sólo de diez mujeres de Viena en “Take this waltz”, pero estaba equivocado: en Viena hay mujeres de rostros y silueta de aúpa, y más si se ponen algún vestido vintage de la considerada, incluso por las grandes cabeceras de moda estadounidenses, la mejor tienda vintage del mundo: Flo (Schleifmühlgasse, 15). En este establecimiento, que enamora a cualquier amante del estilo (“las modas pasan, el estilo permanece”), encontramos prendas de segunda mano en perfectas condiciones y a precios razonables de los mejores diseñadores de la historia, como Helmut Lang, Karl Lagerfeld, Chanel, Stella McCartney, Dries van Noten, Prada, Valentino o Donna Karan, entre muchos otros.

 

Flo

 

A la hora de la comida o cena, si sentimos nostalgia del Mediterráneo y queremos comida del sur de Europa, en Viena se encuentra una de las mejores pizzerías de todo el continente, Italia incluida. Se trata de Il Mare (Zieglergasse, 15), donde, en cuanto cruzamos el umbral de la puerta, el ambiente nos transporta a Sicilia. Y no solo el ambiente, porque el siciliano es el lenguaje que domina sobre todos y el que se oye hablar a propietarios, camareros y cocineros. Tal es su éxito que, desde su apertura en 1975, ya ha tenido que ser ampliado en cuatro ocasiones.

 

Y para los que todavía quieran más, Viena no sólo es una ciudad en la que perderse hasta encontrarse, sino que su amplia oferta formativa la convierte en una alternativa perfecta a ciudades como Múnich, Berlín o Hamburgo para todos aquellos que quieran aprender alemán. Tanto Iki como Deutsch Akademie ofrecen paquetes que incluyen el curso intensivo, el alojamiento y una serie de actividades complementarias, ¡porque no todo va a ser hincar los codos!

 

Imperial, clásica, elegante, cultural, moderna, vibrante, cosmopolita, joven… ¿Con qué Viena te quedas? Estoy segura que toda ella te conquistará.