Un día en Narbonne| Escapadas enBarcelona| Guía del Ocio y Cultura de Barcelona
01/06/2015

Un día en Narbonne

Una escapada donde recorrer los senderos de la historia y la gastronomía a través de las calles y las mesas de esta sensacional región francesa.

Texto: Sergi García

 

Dos horas en AVE. Eso es lo que separa Barcelona de la francesa Narbonne, una desconocida del Languedoc-Rosellón que es prácticamente una vecina gracias al ferrocarril de alta velocidad, y que tiene varias cosas que ofrecer a los interesados en la historia y en la gastronomía. Si a esa cercanía le sumamos su dimensión asequible, y que es la región francesa con más horas de sol al año, queda claro que es un destino idóneo para una escapada de un día. 

 

 

Como decimos, Narbonne (Narbona en occitano) es una ciudad pequeña, de unos 50.000 habitantes, pero cargada de historia. Capital de la Galia romana, su ubicación junto al mar la convirtió en estratégica en términos de comercio, y por ella pasaba la Via Domitia que comunicaba España e Italia. De hecho, un trozo de esa autopista de la Antigüedad puede verse aún en la bonita Place de l’Hôtel de Ville, donde se encuentra actualmente el ayuntamiento. Este es, de hecho, un excelente punto de partida para una ruta por la Narbonne histórica.

 

Por la misma entrada del ayuntamiento se accede al segundo conjunto monumental arzobispal más grande de Francia después del de Avignon. Formado por preciosos patios interiores, corredores y salas, este conjunto acoge hoy el Museo de Arquitectura y el Museo de Arte, aunque sus mayores tesoros son el Torreón Gilles y el Palacio de los Arzobispos, dos construcciones medievales que se edificaron como nuevas estancias para el clericato (importante, pues Narbonne fue capital del Arzobispado francés) de forma posterior al gran templo de Narbonne, su catedral. 

 

 

La Cathédrale Saint-Just et Saint-Pasteur et Cloître es una de las más altas de toda Francia y probablemente la más famosa del sur del país. De estilo gótico septentrional –aunque por ubicación y época debería haberse inscrito en el corriente meridional–, es conocida a día de hoy sobre todo por el hecho de estar inacabada. Desde luego, poco impresiona este dato a alguien de la ciudad de la Sagrada Familia, pero si la comparamos con otro templo barcelonés como Santa Maria del Mar, es realmente curioso observar desde dentro cómo se corta el crucero, cómo queda descompensada sin la parte que le resta. El coro, las capillas y el claustro adyacente, por su parte, también son merecedores de una visita, que puede hacerse cada día de forma gratuita de 9:00 a 12:00 y de 14:00 a 18:00 h.

 

Por último, no deben perderse el Patio de la Magdalena. Con un aire a la Plaça del Rei barcelonesa –para seguir con el símil– este pequeño espacio es uno de los mejores lugares donde apreciar el largo testigo histórico de Narbonne, pues en él se conservan trazos de arquitecturas moriscas, románicas, góticas y renacentistas. En verano, además, es escenario de conciertos al aire libre.

 

Y cerca, pero un poco más atrás en el tiempo, encontramos el Horreum de Narbo Martius (así se llamaba la ciudad en época romana), donde tenían lugar las actividades comerciales de la antigua colonia de Roma, y que cuenta con unas impresionantes galerías subterráneas. Si tienen especial interés en esa época de la Historia, un poco más lejos, en el Clos de la Lombarde, se puede visitar una domus romana.

 

 

LA NARBONNE GASTRONÓMICA

 

Hemos dicho al comienzo que Narbonne es un buen destino para amantes de la historia y la gastronomía; vamos a esta segunda parte. Dejando atrás la Plaza del Ayuntamiento por las ramblas Les Barques (donde hay mercadillos los jueves y los domingos), y cruzando el Canal de la Robine que une el Mar Mediterráneo con el Canal du Midi, llegamos a la otra parte de Narbonne, más nueva. Allí destaca una edificación por encima de todas: el Mercado de abastos Les Halles. De estilo baltard, construido en plena Belle Époque, sus más de 70 tiendas de alimentación acogen los 365 días del año a todo tipo de públicos: desde el que va a comprar hasta al que va a tomar un vermú, pasando por el que va a deleitarse con la estructura del edificio. Aquí encontrarán tiendas de vino, queserías, pastelerías, paradas de fruta, verdura, pescado y carne, pero también bares en los que picar algo e incluso comer. 

 

Pero hablando en propiedad de comer, Narbonne cuenta con una gran oferta de restaurantes, uno de ellos, La Table Saint-Crescent, con estrella Michelin. Sin embargo, y pensando en todo tipo de bolsillo, hay un restaurante que nos ha llamado especialmente la atención: Les Grands Buffets

 

Es, como habrán podido adivinar por su nombre, un bufé libre; pero poco o nada tiene que ver con el concepto “español” de bufé libre. Para empezar, la calidad del producto es muy alta: todo cuanto se sirve aquí es de proximidad y pasa un alto control de exigencia, desde las ostras, el caviar y el foie, hasta las verduras y la fruta, pasando por todos los ingredientes del recetario tradicional francés que se pueden encontrar aquí –y que son muchos. En segundo lugar, el espacio es impresionante: varios salones y una gran terraza poblados con obras de arte (incluso en la cocina las hay). En tercer lugar, la selección de vinos, unas 70 referencias todas ellas de la denominación del Languedoc-Rousillon, además de ser excelente, además de venderse a precio de bodega, puede pedirse en botella o a copas, sin excepción. Y, por último, la variedad de platos es inmensa, y no sólo incluye lo disponible a modo self-service, sino también una larga lista de recetas que se pueden pedir y que son cocinadas al momento, como adobos, tripas a la antigua, langosta, entrecot, steak tartar… 

 

Mención aparte merecen dos espacios: el de los quesos, con más de 30 variedades delicatessen (y vienen más en camino); y los postres, más de 100, fuente de chocolate incluida, entre los que no faltan clásicos como los Paris-Brest, Saint-Honorés, Selva Negra, milhojas, eclairs y los auténticos macarons. Todo lo que puedan comer a un precio fijo de 29,90€ (bebidas a parte), 14,90€ los niños de 6 a 10 años, y gratis los menores de 5.

 

Todo esto lo tienen a 120 minutos en tren y en pocas horas de recorrido, por lo que encontrar una excusa para escaparse es realmente fácil.

 

Narbonne

 

Cómo llegar: en AVE desde Barcelona-Sants. Las frecuencias de los trenes varían en función de la época del año. www.renfe-sncf.com.

 

Información: Office de Tourisme. 31 rue Jean Jaurès. +33 4 68 65 15 60. www.narbone-tourisme.com

 

Dónde comer: Les Grands Buffets. Rond Point de la Liberté. +33 4 68 42 20 01. www.lesgrandsbuffets.com