Turín, un monumento de ciudad | Escapadas enBarcelona| Guía del Ocio y Cultura de Barcelona
  • Río Po (@Merçè Teruel)
03/05/2013

Turín, un monumento de ciudad

Su resplandeciente centro histórico es el auténtico destino turístico de la Turín que logra conservar el poder arquitectónico de las antiguas metrópolis.

Texto: Mercè Teruel

 

 

Recomendado para: amantes del arte, parejas, estudiantes y familias.

 

Meses para viajar: en primavera.

 

Presupuesto: 300€ (incluye vuelo a partir de 34,99€
por trayecto con Vueling y alojamiento).

 

Duración: 2 días.

 

 

Turín es un monumento hecho ciudad. A los barrios periféricos de la urbe se les conoce como la Barriera di Milano, pues éstos son la puerta de entrada a la ciudad y, a su vez, la de salida, ya sea para partir hacia el Aeroporto di Torino-Caselle, en el que me encuentro y donde sólo me separan una hora y cinco minutos de nubes hasta Barcelona, o hacia una ciudad vecina como Milán, situada a menos de 45 minutos.

 

En mi caso, un poco desubicada todavía tras el aterrizaje, pagué 6,50€ y me subí a un autobús camino del centro. Lo realmente llamativo es la contundencia con la que uno abandona el sombrío conglomerado de edificios arañados por el tiempo, repletos de rebeldes graffitis, y se adentra en otro cosmos. En cuestión de 15 kilómetros, así sin más, se deja atrás el rostro decadente de la ciudad para ser absorbido por un resplandeciente centro histórico, el auténtico destino turístico de la Turín que logra conservar el poder arquitectónico de las antiguas metrópolis, con ese sinfín de plazas soleadas e inmensas como huellas de gigante que han dejado un surco exagerado para hacer vida en ellas. Ante tal contraste, uno puede apreciar incluso otra clase de peatones, éstos ya con un característico porte europeo. Y no es de extrañar, dado que Turín, situada al noroeste de Italia, dibuja frontera con territorio alemán y suizo, gracias a la cordillera de los Alpes que, siempre presentes como telón de fondo, enmarcan la ciudad con una bruma nevada muy lejana. Si bien es apropiado parar en la Oficina de Turismo (Via Maria Vittoria 19), mi consejo es guardar el mapa en la mochila y dejarse conquistar explorando el territorio. Y es que de todas las obras arquitectónicas que éste contiene, cinco de cada diez serán un restaurante, una boutique o una casa particular. 

 

 

ARTE Y CULTURA

 

Tan sólo hay que echarle un vistazo a nuestro plano de ruta para tener en cuenta que a lo largo de su poco complicado entramado callejero, Turín cuenta con más de 50 museos de arte, sin olvidar los majestuosos palacios y conjuntos escultóricos esparcidos por la ciudad. Ante tal sobredosis artístico-cultural, lo más sabio es no agobiarse ya que la clave para moverse como pez en el agua aquí es dominar las contadas arterias principales que conectan con los puntos de referencia imprescindibles, por lo general, aglutinados en la misma cuadrícula urbana.

 

De camino al corazón del casco antiguo, parada imprescindible es el Museo Egizio (Via Accademia delle Scienze 6), el segundo museo egipcio más importante del mundo, después del de El Cairo, con una colección de más de 7.000 piezas únicas, entre las que se encuentra la Tumba de Kha. 
Turín es una ciudad llena de vida, pero dotada de equilibrio, fomentado por sus propios ciudadanos, que la hace de las más agradables del país. Por ello, y porque crece sobre un empedrado a base de adoquines, es recomendable alquilar una bicicleta con el servicio Top Bike: 24 h en funcionamiento, con abonos de 5 a 28€.

 

Aunque la estancia sea corta, lo mejor es que cada uno se tome su tiempo, pues esta ciudad bien lo merece. El punto neurálgico, ahora sí, lo protagoniza la concurrida Piazza Castello, escoltada por los imponentes Palazzo Madama (s. XIV), una construcción con multipersonalidad, dada su fachada barroca que da a la plaza, y las torres medievales que descansan a su espalda, y el Palazzo Reale, propiedad de la dinastía Saboya desde el s. XVII hasta mediados del 1800, ostentoso, de paredes gigantescas y techos imposibles, que conserva la imperdible Armeria Reale. Punto y seguido merece esta sección, porque si realmente el síndrome de Stendhal existe, yo lo sufrí el día que la contemplé. Un evidente reflejo de la meticulosidad con que se hacen las cosas bellas. 

 

En esta zona uno puede encontrar otras maravillas históricas fruto del legado católico que todavía hoy perdura en la ciudad y que se hace patente en la extendida costumbre en jóvenes y mayores de asistir a misa. La Chiesa di San Lorenzo y el Duomo di San Giovanni Battista, éste último poseedor de una recreación de la Sindone, fragmento de lienzo con el que se dice que se envolvió Cristo, son la viva prueba. Yo fui afortunada en cuanto al buen tiempo, pero haga o no, uno debe poner rumbo al río, un destino que casi obliga a recorrer la animada Via Po, formada por una cadena interminable de arcos que aguardan gran variedad de terrazas, heladerías y cafés.

 

Hablando de helados, es una mancha en el expediente del viajero irse de este país sin antes pasar por Grom (Piazza Pietro Paleocapa 1), cadena que ofrece auténtico gelato sin ingredientes artificiales de ningún tipo, servido a espátula con un estilo incopiable, y de los sabores más mortalmente intensos que he probado jamás. Otra rica opción es Fiorio (Via Po 8), lugar de paso hasta la enorme Piazza Vittorio Veneto que conduce hasta el gran afluente Po. Y aquí uno comienza a echar de menos a un acompañante, pues además de tranquila, esta ciudad es una de las estampas italianas más románticas. En este contexto es ideal rodar por la corteza del río, donde es común cruzarse con personas practicando deporte e, incluso, si hay tiempo y dinero, se puede hacer kayak (también doble).

 

 

VIDA NOCTURNA Y PASEOS POR EL RÍO

 

Para las parejas marchosas, hay que saber que Turín es una ciudad universitaria con más de 100.000 estudiantes, el 20% de los cuales son extranjeros. Su principal lugar de reunión nocturna son los Murazzi, una consecución de locales a la orilla del río como Alcatraz o Doctor Sax. Otra zona de ambiente se encuentra en el famoso Quadrilatero, al otro extremo del casco antiguo, con la Tisaneria o La Cricca.

 

La ciudad, además, es escenario anual de cientos de eventos culturales como festivales de música, cine y danza, o exposiciones a la intemperie, con los que vale la pena coincidir. Éstos se mezclan con la atmósfera de locales nocturnos de todo tipo ubicados en la zona de Piazza Vittorio, en San Salvario, en la Pre-Collina y en el Parco di Valentino, un inmenso pulmón verde junto al río, que además posee un Borgo Medievale y el Castello de Valentino. Éste último es el paraje ideal para hacer un alto y comer algo sencillo. Yo lo hice en Imbarchino, donde por unos 5€ sirven bocadillo y bebida para tomar en las mesas de pícnic que tienen a pie de río.

 

Ahora bien, para disfrutar de un romántico menú degustación típico piamontés hay que ir al Ristorante Taberna Libraria (Via Bogino 5), un espacio íntimo, donde el menú cuesta 20€ con entrante vegetal, pasta, pescado, carne y postre.  Delicioso, y más aún maridado con un Dolcetto di Dogliani, uno de los vinos más fuertes que he probado y que, aun así, en Turín se considera 'para principiantes'. Para culminar las visita, lo mejor son las vistas del Monte dei Cappuccini, ascensión de 283 metros que vale la pena subir a pie y, de noche, la Mole Antonelliana, un edificio de 167,5 metros, que ofrece la panorámica más completa de la ciudad. En su interior se encuentra el reputado Museo Nazionale del Cinema (Via Montebello 20), que cuenta con una sala que reproduce la estética de un cine, butacas incluídas. Antes de abandonar la ciudad, si uno quiere aprovechar para hacer compras, los sitios idoneos son la Via Lagrange, la Via Garibaldi, la Via Roma, la Via Po y el centro, también repleto de librerías como Comunardi (Conte Giambattista Bogino 2) y La Bussola (Corso Giacomo Matteotti 11), entre otras. 

 

 

DATOS DE INTERÉS

 

Dónde dormir. Yo lo hice en el Hotel Victoria (Via Nino Costa 4). Un hotel de 4 estrellas con unos desyunos de infarto. Aun así, el centro rebosa de hoteles para todos los gustos.

 

Qué ver. Sus múltiples mercadillos, jardines y teatros, en especial el Teatro Regio (Piazza Castello 215), dedicado a la ópera.

 

Cómo llegar. Con Vueling, que dispone de vuelos a Turín cinco días a la semana. 

 

Cómo moverse. En tren (hay uno que enlaza el aeropuerto con la ciudad en 19 minutos, cada media hora), autobús, tranvía, bicileta y a pie. 

 

Cuándo ir. Porque del 16 al 20 de mayo se celebra el Salone Internazionale del Libro. www.salonelibro.it.