Rastreando El Raval| La ciudad enBarcelona| Guía del Ocio y Cultura de Barcelona
Rambla del Raval

Rastreando El Raval

Pese a su endémica mala fama, el Raval concentra uno de los mayores volúmenes de instituciones educativas, divulgativas, investigadoras y, en definitiva, culturales de toda la ciudad.

Texto: Half Nelson

 

Pese a su endémica mala fama, el Raval, ese hexágono irregular comprendido entre La Rambla, el Paral·lel, las Rondas de Sant Pau y Sant Antoni y la calle Pelai, concentra en poco más de un kilometro cuadrado uno de los mayores volúmenes de instituciones educativas, divulgativas, investigadoras y, en definitiva, culturales de toda la ciudad. En sus casi siempre estrechas calles se apiñan escuelas, bibliotecas, teatros, museos, óperas, editoriales, mercados, archivos, galerías, iglesias, capillas, conventos y, desde el 21 de febrero de 2012, también una (esperadísima) filmoteca. 

 

 

La flamante Filmoteca ocupa una de las esquinas más malditas, polémicas y, por qué no decirlo, míticas de la ciudad: Sant Pau con Espalter (continuación de Sant Ramon). Pese a la nomenclatura, no es éste precisamente uno de los rincones más santos de la ciudad: justo frente al eternamente decadente Bar Marsella (Sant Pau, 65), uno de los más antiguos de Barcelona y a punto de desaparecer recientemente antes de que el Ayuntamiento saliera a su rescate, es el templo de la absenta y lugar de peregrinaje para los Erasmus anglosajones dado que se dice que Hemingway bebió allí. Además, el amplio voladizo de la fachada del nuevo edificio sin duda resguardará de la lluvia a la variopinta fauna urbana que puebla las calles Sant Pau, Sant Ramon y Robadors. Sin embargo (o quizás por ello), la dirección oficial de la nueva sede de la Filmoteca de Catalunya es Plaça de Salvador Seguí, s/n, ya que se ha abierto dicha plaza en honor al líder anarquista asesinado en 1923 a pocos metros de allí, en la calle Cadena (desaparecida por el esponjado del barrio que originó la Rambla del Raval). 

 

 

Por si todos estos hitos no fueran suficientes para concluir que el nuevo edificio nace ya cargado por el peso de la Historia, hay que recordar que uno de los motivos del retraso de varios años en la conclusión del proyecto (inicialmente previsto para la primavera de 2009) fue el hallazgo en el subsuelo de los restos de la antigua prisión de mujeres que funcionó entre 1709 y los inicios del siglo XX. La Galera, así conocida popularmente por ser el trabajo forzado de las reclusas en la industria textil una de las señas de identidad de dicha prisión hasta que el edificio fue toscamente transformado en Escuela Pública Municipal, otro más de los muchos ejemplos de establecimientos dedicados a la "reforma", "corrección" y "encauzamiento" de los descarriados que se concentraron (se concentran) en el Raval, donde se acogía o se recluía a los que no eran bienvenidos en las zonas burguesas de la ciudad.

 

 

La nueva Filmoteca: el edificio

 

El moderno (y frío) edificio de la Filmoteca de la Generalitat en el Raval, en cuyos ventanales se reflejan las fachadas de la calle Sant Josep Oriol, agrupa las diferentes actividades relacionadas con el patrimonio cinematográfico: exhibición, divulgación, restauración y archivo. La nueva sede limita con las calles Sant Pau, Espalter y Sant Josep Oriol y la propia plaza Salvador Seguí. El equipamiento de 6.000 m² concentra en un solo edificio los servicios que hasta ahora se dispersaban en dos puntos de la ciudad (las proyecciones en la Avinguda de Sarrià y las oficinas y la biblioteca de Santa Madrona).

El proyecto del edificio se adjudicó al estudio MAP Arquitectes, que dirige Josep Lluís Mateo, autor de numerosos equipamientos en todo el mundo. Con el fin de moderar el impacto visual de la construcción, su altura queda por debajo de la de los edificios circundantes. El diseño ha sido concebido a medio camino entre la nave industrial y un edificio en construcción a partir de la técnica pura, prácticamente sin acabados.

 

 

 

La reforma urbanística de El Raval

 

Junto a las intervenciones eminentemente quirúrgicas (apertura de la Avinguda Drassanes, inicialmente como Avenida García Morato tras la demolición en 1940 de algunos bloques muy afectados por los bombardeos de la Guerra Civil; apertura de la Rambla del Raval…), el intervencionismo cultural de las administraciones ha aumentado exponencialmente la oferta cultural (es decir, de ocio) del antiguo Barrio Chino, que se ha sumado a la amplia oferta de bares, cafés, restaurantes, teatros y antros. 

La creación o importación de organismos de creación y gestión cultural de primer orden es la última apuesta para la dinamización del barrio. El Foment de les Arts Decoratives (FAD) en el Convent del Àngels (abierto en 1987); el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB): "un lugar por el que los niños matarían a sus propios padres para convertirse en huérfanos", en palabras de un asombrado periodista inglés enviado a cubrir una de las primeras ediciones del Festival Sónar (1994); el todavía desaprovechado edificio de Richard Meier para el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), en 1996 y la Facultat de Geografia i Història de la UB (2006) son grandes iconos del barrio que han servido para que numerosos barceloneses y también muchos foráneos hayan abierto sus negocios en la zona.

 

 

Sabor de barrio

 

Pese a las numerosas reformas y a los bienintencionados intentos de las administraciones, el Raval mantiene rincones únicos que no se ven en otras zonas de la ciudad. Establecimientos o edificios que, tozudamente, se han mantenido al margen de la normal evolución de los mercados y las sociedades. No son más que rescoldos de la gran hoguera de arte, vicio y diversión que fue el Chino, barrio portuario por antonomasia y el lugar donde los barceloneses de toda condición liberaban sus instintos más inconfesables, pero también orgulloso núcleo obrero y menestral, refugio de conspiradores y revolucionarios.

 

Muchos barceloneses dudarían si se les pregunta si el Liceu, el Mercat de la Boqueria, el Palau Güell (Nou de la Rambla, 3-5), proyecto de juventud de Antoni Gaudí finalizado en 1890 y ampliamente restaurado en 1983 y entre 2002 y 2011 después de que un millonario estadounidense estuviera a punto de llevárselo, piedra a piedra, en 1944; o el Teatre Romea (Hospital, 51) están o no en el Raval. Despistan porque no tienen el estigma de dejadez y marginación que se impuso como imagen del barrio, pero no son esas las únicas joyas que el Raval alberga. 

 

Así, el que tenga complejos se perderá la espectacular restauración del Hotel España (Sant Pau, 9-11), un cuatro estrellas superior en una calle que huele a curry; o las pinceladas modernistas de la Pastisseria Escribà (Rambla de les Flors, 83), que ocupa la muy ornada Antiga Casa Figueras, los bares Muy Buenas (Carme 63), La Confitería (Sant Pau, 128), Casa Almirall (Joaquín Costa, 33) y London Bar (Nou de la Rambla, 34). 

 

 

En el ámbito arquitectónico no se puede pasar por alto el conjunto románico de Sant Pau del Camp (Sant Pau, 101), un monasterio benedictino ya citado en textos del año 977 y cuyos huertos limitan con la calle de les Tàpies; el del Kiosko La Cazalla (Arc del Teatre, 1), apenas una barra que alberga mil historias; la del Bar Filmax de la calle Robadors, un rincón de dudosa reputación (sólo para estómagos fuertes, aunque será curioso ver cómo evoluciona) con un nombre visionario que cobra sentido al estar junto a la nueva Filmoteca; la del porno-show Bagdad (Nou de la Rambla, 103); o la del más culto pero aún más decadente Bar Pastis (Santa Mònica, 4), un pedazo de la Francia de Edith Piaf justo al lado de una de las primeras "casas de baños" de la ciudad.

 

 

El Raval de pueblo

 

Junto al Raval más canalla y nocturno, sobrevive un Raval "de pueblo" esencialmente diurno que invita a tapear y conversar tranquilamente frente a una caña o vermut. La Bodega Montse (Arc de Sant Agustí, 5) es un establecimiento con más de 120 años de historia orgulloso de preservarla y exponerla, y comparte dirección postal con el inefable Alhalal Asian Restaurant. El Bar Sin Nombre (Sant Vicenç esquina Sant Gil) es quizás el último sin pantalla plana en toda la ciudad, pero con una imponente cabeza de toro bravo que convierte los retratos al carboncillo de los jugadores del Barça en más que convincentes iconos del toreo. La Bodega (Bisbe Laguarda, 5) regentada por el dicharachero Armando es un buen ejemplo de fusión intercultural. Vale la pena acercarse por sus tapas y bocadillos, pero también por el extraño edificio de Núñez y Navarro (Bisbe Laguarda, 4) situado enfrente. El Bar Bodega Can Salva (Sant Pacià, 23) y la Bodega d'En Ruben (Robadors, 33) son buenos ejemplos de negocios antiquísimos que las nuevas generaciones han sabido mantener sin perder calidad. 

 

Lo mismo que el mítico Pinotxo de la Boqueria, la mejor barra de la ciudad en la que son inevitables las colas para probar sus garbanzos con butifarra o morcilla. La Masia (Elisabets, 16), es el arquetipo de bar de barrio ideal para largas charlas con las que arreglar el mundo, y contrasta con el oximorónico bar "de barrio de diseño" del Dos Palillos (Elisabets, 9), mientras que en el Bar Olímpic (Joaquín Costa, 25) aún puede verse (y comentarse) el fútbol sin agobios. 

 

En otra categoría quedan la atestada terraza del remodelado Bar Tres Tombs (Riera Alta esquina Ronda Sant Antoni) y el typical Spanish restaurant Los Toreros (Xuclà, 5), impagable por su fuerte idiosincrasia pero nefasto para una primera cita. Si ese es el caso, mejor otros restaurantes de más empaque como La Reina del Raval (Rambla del Raval, 3), Candela (Pl. Salvador Seguí, s/n), El Convent (Jerusalem, 3) o los clásicos Casa Leopoldo (Sant Rafael, 24), abierto en 1929 y donde siempre había mesa para Manuel Vázquez Montalbán, Quo Vadis (Carme, 7), elaboraciones antiguas desde 1956, o Can Lluís (Cera, 49 esquina Reina Amàlia), desde 1929 especializado en bacalao y espalda de cordero.

 

 

 

Tierra de acogida

 

A lo largo de los años, el Raval y sus bajos alquileres han dado cobijo a muchos de los recién llegados a la ciudad. No es casualidad que la oferta cultural (especialmente gastronómica) sea aquí especialmente diversa y representativa de los diferentes flujos migratorios de los últimos siglos. Quizás uno de los más injustamente desconocidos sea la Casa de Aragón (Joaquín Costa, 68 en los bajos del Teatro Goya), con un gran y acogedor bar restaurante en la primera planta. Rivaliza con ella la más moderna Casa de la Rioja (Peu de la Creu, 8), de donde no se puede salir sin probar la chistorra en cualquiera de sus muchas modalidades. El trasfondo de la Casa de Mallorca (Carme, 55) es más divulgativo (aunque cuenta con un pequeño café con especialidades típicas), al igual que el Centro Cultural Bangladesh de la calle Riereta o la librería Casa del Libro Árabe (Montserrat, 2). También actúan a modo de centros culturales el Alma Café (Riera Alta esquina Bisbe Laguarda), bar cafetería que acoge a la colonia húngara, el restaurante cubano Mamita Linda (Riera Alta esquina Erasme de Janer) y los estupendos restaurantes Shalimar (Carme, 71) pakistaní de calidad contrastada y el hindú Moti Mahal (Sant Pau, 103) con fotos de comensales tan ilustres como Harrison Ford y Calista Flockhart.

 

 

Bares gallegos

 

Al hablar de centros culturales, tenemos que abrir un capítulo aparte para el Centro Galego de Barcelona (La Rambla, 35-37). Institución cultural con biblioteca, teatro y actividades y un restaurante de auténtico lujo para los aficionados a las especialidades gallegas, que en el Raval encuentran multitud de espacios a su gusto. Como el peculiar O’Barquiño (Princep de Viana, 1) con su espectáculo de copla (con Manolo Carrión, Colorines, Pilar Carrión, Antonio de Linares y otros) los sábados por la noche (hasta que la vecina baja a quejarse). Más calmado es el restaurante Folgoso O’Courel (Riera Alta, 58), al lado de la inefable carnicería halal y los dos clásicos de la calle Carretes: La Voz de Galicia (Carretes, 14) y el reconocido Mesón David (Carretes, 63) abierto desde 1908.

 

 

Nuevos clásicos

 

La atracción del Raval no es nueva, por ello hay todo un segundo grupo de establecimientos que no son fruto de la herencia de generaciones anteriores, sino del riesgo de multitud de enamorados del barrio que decidieron establecerse allí. Desde el entrañable Bar Makinavaja (Carretes, 51), homenaje al dibujante Ivà, a los eficaces bocadillos del Bar Guixot (Riereta, 8) o del Fidel (Ferlandina, 24), las pizzas del argentino Boliche (Riereta, 8), los platos de Las Fernández (Carretes, 11) a las tapas en la terraza del Kasparo (Pl. Vicenç Martorell, 4) o en la del Bar Mendizábal (Hospital / Junta de Comerç): el bar más pequeño del mundo (apenas una barra directamente sobre la acera), si no fuera por la terraza enfrente del Teatre Romea

 

Para descansar de tanta hostelería nada como un buen libro de La Central del Raval (Elisabets, 6), en la librería / galería Ras (Doctor Dou, 10) o en la especializada en arte contemporáneo Loring Art (Gravina, 8), lástima que ya no podemos hacernos con un CD o un DVD en las ya desaparecidas CD Drome (Valdonzella, 3) y Void (Ferlandina, 53). De cara a la noche, nada como cenar en el acogedor El Fortuny (Pintor Fortuny, 31) o en el francés Au Port de la Lune (Pl. Sant Galdric, 1) antes de quemar la noche en los conciertos del Cafè Teatre Llantiol (Riereta, 7), el Jazz Sí / Taller de Músics (Requesens, 2), las sesiones del Bar Sifó (Espalter, 4) o el club electrónico Moog (Arc del Teatre, 3).

 

 

 

Los modernos

 

La última hornada de establecimientos que no conviene perderse porque, lamentablemente, nunca se sabe cuánto van a durar. Cada vez con un barniz más sofisticado, menos ligado a la restauración y más a estilos de vida alternativos, en el nuevo Raval hay de todo. Desde la versión ecológica y gourmet del colmado de toda la vida (La Perla de Oro, Unió, 34; La Botigueta del Raval, Cera, 5) a la especialización por calles, como los antiguos gremios, de tiendas de zapatillas (perdón, sneakers) en Tallers (aunque sin llegar a la sofisticación de la zona de Duc de la Victòria), tablas de skate (Ferlandina), bicicletas (Lluna), discos (en Tallers y ahora también en Ferlandina) o moda femenina (Elisabets / Doctor Dou). Por último, aunque el barrio da para mucho, muchísimo más, si aún crees en los tópicos del Raval, acércate hasta la agencia de pin-ups Mary Cherries (Lluna, 27), vecina de la Peña Barcelonista Rifeña Alhucemas. Y ya nos contarás. 

 

 

A la rica tapa

 

Después de tanta cultura es imprescindible reponer fuerzas a base de tapas. Puede ser en La Casa de la Pradera (Carretes, 57) o en el popular Cañete (Unió, 17), o los platos de Bacaro (Jerusalem, 6), un italiano alejado de los tópicos, o los de la Señorita Monium (Espalter, 4 junto a la Comunidad Cristiana El Chiringuito de Dios). Y siempre nos queda la sugerente Madame Jasmine (Rambla Raval, 22) a la sombra del Gato de Botero y frente al B- Lounge del Hotel Barceló Raval (Rambla Raval), también de tapas aunque más sofisticadas.

 

 

De copas

 

Y como remate final, copas en el Bar Malverde (Sant Pau, 116 esquina Abad Safont), o en las coctelerías de la calle Joaquín Costa: el reformado 33/45 (Joaquín Costa, 4), Tahití (Joaquín Costa, 39), Negroni (Joaquín Costa, 46) o Betty Ford (Joaquín Costa, 56). Aunque los mejores gin-tonics del Raval son, sin duda, los del Cassette Bar (Est, 11), un curioso espacio situado en la parte sur del barrio que ha logrado congregar a una parroquia fiel gracias a una buena combinación de copas bien facturadas y música indie, a menudo con la presencia de DJs.