Los secretos del Gòtic| La ciudad enBarcelona| Guía del Ocio y Cultura de Barcelona
Plaça Sant Felip Neri (@Albert Gimeno)

Los secretos del Gòtic

Os proponemos un juego: hacer una ruta por el Gòtic redescubriendo rincones olvidados por los barceloneses, y a la vez buscando las respuestas a los diez retos que os proponemos.

Os proponemos un juego: hacer una ruta por el Barrio Gótico de Barcelona redescubriendo rincones olvidados por los barceloneses, y a la vez buscando las respuestas a los diez retos que os proponemos, ¿os animáis?

 

 

El Gòtic es sin duda uno de nuestros mayores atractivos turísticos y vestigios históricos que, aún al alcance de todos, sigue escondiendo rincones insólitos. Hasta aquí, la verdad, nada nuevo que no sepamos o podamos encontrar en mil y una guía de viajes y panfletos turísticos de Barcelona. 
Como dijo el famoso escritor Ramon de Campoamor (1817-1901), la mayoría de las cosas son del color del cristal con que se miren, así que hoy vamos a cambiar el cristal y por un momento nos vamos a sentir turistas especializados... Haremos totalmente lo contrario a las mareas de turistas que suelen invadirnos: no correremos, nos detendremos e incluso retrocederemos; no miraremos las cosas; las admiraremos y no nos dejaremos llevar por la primera impresión, entenderemos la esencia.
Esto no es un simple artículo, sino una prueba: ¿conocemos o no nuestra ciudad? Esperamos con ilusión veros lanzados a la búsqueda de los retos que os propondremos porque creemos que sois plenamente capaces de descubrirlos por vosotros mismos. 

 

 

Punto de salida: Hard Rock Café

 

Empecemos por el Hard Rock Café en la Plaza Catalunya donde, algo sorprendidos por su elección, veremos que hace esquina con la pequeña calle Rivadeneyra en cuyo final a mano izquierda accederemos a la placita de Santa Anna. Allí descubriremos el último vestigio del antiguo monasterio homónimo creado a la sombra de la poderosa Orden del Santo Sepulcro instalada en Barcelona durante el segundo cuarto del siglo XII. El claustro y la sala capitular datan no obstante del siglo XV, cuando el propio Fernando el Católico podía apreciarlos desde el noviciado del hoy desaparecido convento. Declarado Monumento Nacional como podremos observar si nos paseamos detenidamente por su exterior , no se libró del incendio de su cúpula en 1936 que vemos reconstruida parcialmente con ladrillos.
Si queréis averiguar en que fecha exacta entre el siglo XV y 1936 fue declarada Monumento Nacional, no consultéis Google y daros un más que merecido paseo hasta este remanso de paz en medio de la vorágine urbana que nos rodea día a día.

 

 

 

Una necrópolis escondida

 

Una vez descubierta la fecha, sigamos nuestro paseo hasta la cercana Plaza de la Villa de Madrid, presidida por la estatua de Lluís Montané en representación de una típica Maja madrileña: en su parte inferior descubriremos la necrópolis romana de Barcelona. Redescubierta en los años 50 en el terreno del antiguo Monasterio de Santa Teresa de las Carmelitas, la necrópolis se compone de tumbas de los siglos II y III d.C. en línea al lado de una vía romana que, como todos los caminos, siempre llevaban a Roma. Las tumbas a las afueras de la colonia "Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino" no estaban precisamente en un lugar tranquilo y apartado como nuestros cementerios sino al lado de los caminos para proporcionar cierta distracción a los espíritus de los muertos. De hecho, descubriremos los orificios que los romanos utilizaban para "alimentar" a estos espíritus con comida y bebida.
No deja de ser curioso que, aún habiendo cambiado absolutamente todo desde el tiempo de los romanos, este bullicio siga presente a la ribera de esta antigua vía romana. Si bien ya no son los viajeros que llegan y abandonan la ciudad, sino la propia ciudad la que durante toda la época medieval se fue extendiendo para llegar a incorporar la plaza dentro de su propio día a día. De hecho, si nos fijamos muy bien, nos daremos incluso cuenta de que esta bella necrópolis fue durante una parte de la historia de Barcelona un lugar cercano a residencias muy importantes que forman un bonito conjunto cuyos detalles, como por ejemplo el año en que se crearon, pueden ser fácilmente encontrados en la plaza si agudizamos la vista y no nos importa pararnos un rato a leer .

 

 

Chocolate...y mucha más

 

Siguiendo nuestros pasos llegamos a la calle Petritxol con sus tradicionales chocolaterías, así como su historia marcada y explicada por todas las mayólicas que la decoran. Lo que quizá no nos explican es como en 1465 se abrió esta calle atravesando las fincas propiedad del señor Petritxol como vía entre la calle de la Portaferrissa y la plaza de la Iglesia del Pi a la que llegamos dando un paseo. Con ello se evitaba un paseo más largo todavía bajando por la calle del Pi para asistir a misa en la Iglesia, mencionada ya en el siglo X, pero que data oficialmente del siglo XIV.

 

 

 

Banys nous, baños judíos

 

Siguiendo a pie llegaremos a la Calle de la Palla esquina con Banys Nous, donde nos sorprenderá en la esquina el lugar donde antiguamente se creen que estaban los baños judíos de Barcelona (mikveh) sino la propia curva que hace la calle alejándose de la catedral y bajando hasta la calle Ferran. Es el mismo recorrido que el de la muralla romana de la antigua colonia de Barcino en la pequeña colina llamada Mont Táber, y que sigue existiendo en el interior de algunas de las tiendas de esta calle. Resiguiendo la calle Banys Nous llegaremos a la entrada de la calle Baixada de Santa Eulàlia desde donde a la derecha en la pared podremos apreciar un mosaico al que vale la pena acercarse ya que, junto con el nombre de la calle en el que está, os dará una pista del por qué de su nombre .

 

 

El recuerdo de una mártir

 

Subiendo la pequeña cuesta de la calle Baixada de Santa Eulàlia, entenderemos el martirio de la joven mártir cristiana que en época del emperador Diocleciano bajó desde Sarrià hasta Barcino para recriminarle al gobernador Daciano las persecuciones a cristianos. Éste mandó arrestarla y la condenó a los 13 martirios que propiciaron su canonización ya en el siglo VI d.C. Esta calle nos recuerda aquél en el que la lanzaron dentro de un tonel con cristales, clavos y otros objetos punzantes calle abajo. Tan horrible castigo mantiene presente su recuerdo, en especial en la catedral, donde está su sarcófago en la cripta así como las trece ocas en el claustro, aunque también fue Santa Eulàlia inmortalizada en la literatura como podremos encontrar en la propia calle donde, en su firma, reconoceremos a uno de los poetas más importantes de nuestra Renaixença catalana.

 

 

De paseo con Gaudí

 

Nuestros pasos nos conducirán a la Plaza de Sant Felip Neri, en honor de la iglesia que la preside, que es el máximo exponente arquitectónico de la contrarreforma católica del siglo XVIII, reproduciendo la famosa iglesia del "Gesú" de Roma de nave única. La Iglesia fue también lugar de peregrinación diaria de Antoni Gaudí que, camino un día a su misa matutina, fue atropellado por un tranvía en la calle Bailén con la Gran Vía en 1926. La imagen que podía tener Gaudí a principios de siglo XX no se correspondía al actual, dado que tras la reforma de la Via Laietana muchos edificios, como el actual museo del calzado, fueron aquí trasladados. El cambio más dramático lo supuso, sin duda, la guerra civil española. Vestigio de ello son los boquetes que podemos aún apreciar en su fachada como recuerdo de aquello que no debe volver a suceder, cuyos detalles podremos descubrir en la placa explicativa que podremos encontrar fijándonos un poquito.

 

Mirando de derecha a izquierda admiraremos, en primer lugar, el románico que impregna la vecina Capella de Santa Llúcia de mediados del siglo XIII justo enfrente de nosotros. Siguiendo a la izquierda descubriremos el gótico del siglo XIII al XV, sobre todo, por las gárgolas que veremos en el tejado. La fachada principal, creada por Josep Oriol Mestres y August Font a partir de un concurso de 1880 para embellecerla, representa el último episodio de la historia de esta iglesia de iglesias de nuestra ciudad.

 

 

El buzón más famoso

 

Saliendo de la Casa de la Ardiaca, a mano izquierda veremos el bello buzón para las cartas creado por Domènech i Montaner para esta casa. Está intencionalmente presidido por dos razas de animales que representaban el contraste entre lo alto que "vuela" la justicia frente a la lentitud con la que a veces la misma llega. Para acabar de verificar que dos animales las representan, (¡cómo no!), se impone un paseo hasta dicho buzón.
 

 

 

El Palau del Lloctinent, residencia de virreyes

 

Haciendo un alto en el camino a su salida en la plaza de Sant Iu, veremos la fachada trasera del Palau del Lloctinent de Barcelona, sede del archivo de la Corona de Aragón donde descubriremos claramente las piedras con inscripciones en hebreo utilizadas en la construcción del Palacio y provenientes tanto del del cercano "call" o barrio judío de Barcelona, como de las lápidas de los propios judíos, expulsados en tiempos de los Reyes Católicos.

 

 

El patrón de las medidas

 

Volviendo a la ya mencionada capilla de Santa Llúcia, hay un vestigio que pasa normalmente desapercibido. En la esquina que da a la entrada del palacio arzobispal encontramos varias hendiduras. No se trata de un elemento decorativo, sino de las marcas que indicaban el patrón de la medida oficial de la Barcelona medieval: La Cana. Unidad de medida oficial que alcanzaba los 1,555 metros, su exposición pública de manera inalterable en este lugar, servía para dirimir discrepancias en torno a las medidas, entre otras, de las propiedades urbanas de los ciudadanos de Barcelona. En la calle del Bisbe podremos incluso apreciar una inscripción que reza "a dues canas lo pou", indicando claramente la ubicación de una de las fuentes de abastecimiento de agua potable intramuros. Curiosidades que nos animan a redescubrir nuestra ciudad si, más de una y dos veces, se ha pasado al lado de pequeños detalles como estos sin prestarles más atención.

 

En el interior de este palacio del siglo XVI de estilo gótico tardío y residencia de los lugartenientes o virreyes de Barcelona, apreciamos no sólo la fuente que preside la galería toscana, sino también la escalera que sube al segundo piso. En la misma veremos la impresionante puerta creada por Josep Maria de Subirachs en 1975 donde hemos de hacer un ejercicio de historia y juego a la vez gracias a la división de la misma en varias escenas explicadas en en 8 números en los que el propio Subirachs nos explica la puerta. Gracias a ellos no sólo veremos el origen y mapa de la Corona de Aragón en su momento de máxima expansión hasta Atenas y Neopatria, sino también las armas de Sicilia, y la figura de Sant Jordi matando al dragón representado también por su cruz roja sobre fondo blanco que, si levantamos la cabeza, nos sorprenderá decorando el impresionante artesonado de madera.

 

 

 

Los edificios de la Plaza del Rey

 

Saliendo del edificio llegamos a la Plaza del Rey, centro neurálgico del poder político medieval ya desde los tiempos de Ataulfo con Barcelona como capital de su imperio allá por el siglo V d.C. El edificio principal es el llamado Palau Reial Mayor al que, al igual que el salón del Tinell, se accede por las escaleras en donde en 1492 el payés llamado Canyamás intentó degollar, sin éxito, al rey Fernando el Católico. Testigo de ese intento no fue, aunque pueda parecer lo contrario, el mirador de Martí l'Humà que corona el palacio; ya que fue construido en 1555 por Antoni Carbonell aunque, curiosamente, el rey que le da nombre había muerto en 1410.


En su lateral veremos la Capilla de Santa Ágata del siglo XIV u oratorio oficial de las Reinas de la Corona de Aragón. Dedicada al igual que la Saint Chapelle de París a las santas reliquias, su apelativo deriva de haber contenido la piedra en donde se exhibieron los pechos cortados de dicha Santa. Capilla de nave única cubierta con madera policromada, fue patrocinada por los reyes Jaume I y Blanca d'Anjou y la decoran asimismo los escudos de armas de Leonor de Sicilia y María de Navarra. Tras su época como capilla palatina medieval fue expropiada en 1835 y recuperada en 1856 por el arquitecto Elias Rogent. Ello nos demuestra que las cicatrices que infringe el paso del tiempo pueden acabar imprimiendo carácter.

 

 

 

Un recorrido por las calles romanas

 

La Casa Padellás que alberga el Museu d'Història de Barcelona invita a todo un mundo de calles que discurren en el subsuelo y nos recuerda que los romanos instalaron aquí, entre otras cosas, la industria del salazón de pescado que, junto con las razones militares de la época, motivaron la colonización de la antigua Barcino poblada por la tribu de los Laietanos.
Sin embargo, lo más impresionante no es sólo descubrir las cicatrices y secretos que alberga esta plaza sino entender la trascendencia histórica de la misma ya que es el lugar en que se cree que Cristóbal Colón llegó en 1493 para encontrarse con los Reyes Católicos tras su primera expedición a lo que se creía que era la India. En cualquier caso, la modernidad también afectó a la fisonomía de esta plaza, ya que la abertura de la Via Laietana en 1907 propició el traslado piedra a piedra de uno de los edificios que, como barceloneses de pro, seguro que sabemos cuál es de todos los que hemos citado.

 

 

El magnífico Templo de Augusto

 

Acabando ya con nuestra visita, dirigiremos nuestros pasos por el carrer Paradís hacia la casa del Centre Excursionista de Catalunya en cuyo interior alberga las cuatro últimas columnas del Templo de Augusto de Barcelona, creado en el siglo I después de Cristo en honor al emperador homónimo. Una vez dentro del edificio, y entendiendo las explicaciones que el Museu d'Història de Barcelona pone a nuestra disposición, podremos descubrir los vaivenes de la historia que afectaron a estas columnas y que explican el apelativo de "viajera" aplicado a una de ellas.  Lo que, en cualquier caso, está claro es que la orientación del templo respondía a la ubicación del antiguo foro romano donde, no sólo el Tribunal, sino el mercado de la ciudad se ubicaban y que, actualmente, está ocupado por la muy conocida Plaza Sant Jaume.

 

 

La casa de la ciudad

 

Hacia allí dirigiremos por última vez en esta ruta nuestros pasos y nos detendremos allí donde se cruzaban el antiguo cardus y decumanus romanos creando dicho fórum. Justo allí podremos ver, a ambos lados, tanto el Palau de la Generalitat como el Ayuntamiento de Barcelona, verdaderos testigos de la democracia en tiempos actuales, aunque no siempre se vieron directamente las caras como ahora. De hecho, durante bastantes siglos fue la Iglesia de Sant Jaume, junto con su claustro y cementerio, los que ocuparon la antigua Ágora romana, hasta que en 1823 se decidió urbanizar el espacio y crear la enorme plaza que nos permite ver tanto la escultura de Sant Jordi en el balcón de la Generalitat como las esculturas de la fachada neoclásica del Ayuntamiento en donde destaca la escultura del rey Jaume I.


La llamada Casa de la Ciudad desde el siglo XIII ejerció de verdadero Ayuntamiento representativo tras la compilación de todos los privilegios ciudadanos en el Libro de los ciudadanos honrados. Ello fue sin duda el punto de origen del posterior Consell de Cent, organismo que funcionó oficialmente hasta la entrada en vigor de los decretos de Nueva Planta en 1714 y que gozaba de una entrada medieval que por supuesto no coincide con la actual fachada neoclásica y, que si verdaderamente nos lo proponemos, podremos encontrar fácilmente para finalizar nuestra ruta.